Inmóvil / Por: Daniel Raymond
Allá entre las frescas praderas
y refrescantes manantial de agua,
grises las calles. Color frío.
Marrón; café de los bares;
pasos perdidos en el ruido.
Ruidos, silenciosos pasos entre el gentío.
Se escapan todas las frases,
en esta ciudad, en la cual medio ido,
absorto en aquellos gozos,
de volver al frío
¿Recuerdas cómo fue;
cómo llegué y en el silencio al infinito canté?
Sentir el calor incandescente del más sublime placer;
de ser cuanto se puede ser.
He visto a lo lejos,
en mi ceguera, lúcida ceguera
los más inauditos colores
de las ciudades transparentes
infinitamente lejos,
eternamente muertas.
¡Dónde no hay principio y no hay final!
Donde el resplandor abarca todas las dimensiones,
todas las alturas y visiones.
laberinto infinito de oscuridad y luz.
y gente, en el frenesí y la histeria.
¡No lo soporto!
No hay lugar para mis pies
donde respirar, murmurar, cantar,
fascinarse, pensar, siquiera pensar…
Amar, simplemente amar;
sin querer, sin buscar,
sin correr,
inmóvil.


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